Urbe se escribe con lápiz.

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Tus manos sacuden restos de palabras que has dicho y que han caído sobre tu regazo, dispersas en el piso tratan de ser escuchadas, un pie piadoso las tritura dejándolas inentendibles, dejan de sufrir… mueren, luego son silencio.

Tu mano aferra un lápiz amarillo que escribe en negro lo que los demás no ven claro, tal vez para que no se te olvide a ti mismo, corazón de papel arrugado de tanto llevarlo en tus bolsillos, húmedo de sudor, grasoso de manoseo constante, de intentos de alisarlo insistentemente que solo logran convertir en borrones ilegibles las palabras dejando campo abierto a la deducción, o a la malsana especulación. Ya no sabes si tenías algo que decir, o algo que escribir para ser leído por quien sabe quién… incluyéndote a ti mismo. Venga humo y alcohol diría Hemingway.

Las musas están ausentes escribidor, tiempo tienen ya que no te visitan, que no vienen a contarte cosas de allende los mares de la realidad sentida. Las musas, las tuyas, ya no viven en los paisajes bucólicos, ni en el voluble temperamento del océano, ni en las nubes mutantes que sugieren formas fantásticas de dimensiones colosales, ni en los amores rurales de juventud, ni en los senderos de los bosques, ni en el perfume desesperado de esas flores moribundas ya sin néctar en el florero de la tierra misma. Sabor de bolero on the rock te queda en la boca después de pasar toda una vida en una tarde, viendo una hoja muda de papel en un block de notas yerto, nuevo, inútil. Las ventanas de tu auto exilio solo te ofrecen paisajes.

¡Vuelve a la ciudad animal de la urbe! respira el aire que regalan los motores, oye el canto de las ambulancias y las de la ley y el orden, regodéate con los pleitos de mercado, con la lastima profesional que pide monedas en nombre del dios que la tiene en la miseria. Escucha atentamente el ambiente angustioso de los que llenan los ascensores con sus espacios invadidos, sus frases cortas, y la mirada puesta sobre los cambiantes números del purgatorio. Respira los olores corporales que se mesclan entre si en los autobuses y trenes. Come y degusta la comida impersonal hecha en serie para todas las hambres que viven en los palomares de concreto armado. Pisa las aceras adornadas con heces de cuadrúpedos, con colillas pisadas por bípedos. ¡Ese es el mundo que habitan tus verdaderas musas! ellas salen a la vía pública vestidas con sus trajes de papel de diario mostrando impúdicamente sus malas nuevas. ¡Sorpréndete! aún hay sonrisas entre tanto rostro condenado a la seriedad eterna. Vuelve a tu elemento natural, eres escribidor con estudio en cualquier barra o mesa de café, escribe, cumple con rigor la condena que te has puesto encima como un saco de arena, siéntete vivo.

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