Siempre oscurece

He salido a la puerta de mi casa para ver pasar la tarde vestida con la imagen de alguien que retorna, lleva un pan entre las manos para que coman las estrellas, lleva también un cansancio que no quiere reposo, quiere algo que no sepa a oficina, que suene a voz amiga y a ocio contento, que de importancia a lo trivial con la seriedad del caso.

Detrás de la tarde sentí llegar los pasos de la noche, cómplice de los camaradas que dan palabras a cambio de casi nada con cerveza, son los arregladores de un mundo que no les da importancia, que no quiere oírlos, tal vez el devenir se pierde de algo.

La noche ha cubierto con su capa esta parte del planeta, no se ve nada con los parpados cerrados. Una almohada reflexiva detrás de la nuca trata de recordar en vigilia el significado real de los últimos balbuceos etílicos de los sofistas del lúpulo y la cebada que, sabiendo en donde habitan, no saben cómo llegar a su casa por no querer entrar, pero amanecerá, siempre amanece… para empezar otra vez a esperar a que pase la tarde con la noche detrás pisándole las horas.

 

Nota: Le hice correcciones.

 

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