De vuelta a un café

De vuelta a un café, me propones hablar, viejo truco para no tomar café sola con tu vida y escuchar más que decir, para practicar el arte de fingir interés ante lo fútil, y no morir ahogada de incertidumbre entre las olas revueltas de un océano de café negro que cabe en una pequeña taza, sin dulzura, amargo.

Siempre hay tiempo para beberse un café con alguien, para hablar faltan momentos. No es charlar, no es platicar, es esa acción que comienza en la boca del estomago y sale por la boca de la cara, se mete en los oídos de alguien, se sube a la cabeza como un licor, y termina aposentada en el medio del pecho como una tos irresuelta, como un proyecto de infarto inocuo aún sin corrección ni aprobación. Solo amando se siente eso, y este no es un momento de hablar. Bebamos nuestra presencia en cada sorbo de este silencio que lo dice todo, antes de que se enfríe la última vez que lo vamos a hacer.

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