Cruel bochorno literario

Hundido en el bochorno de este infernal verano ginebrino, justo al lado de un cenicero pleno de cigarrillos a medio fumar, y de una taza de café ya frío, trato, infructuosamente, de escribir algo que valga la pena. Las horas se ríen de mí angustia, mientras, el sudor usa mi espalda como un tobogán. La idea de un gin tonic, con bastante hielo por supuesto, me viene sugerida más por mi cabeza que por el resto de mi cuerpo. Este calor insoportable que se queda atrapado dentro de mi pequeño estudio, y que se niega a abandonarme, a pesar de la amable invitación que le hago dejando la ventana completamente abierta, me agobia, me desespera, me impide encontrarle sentido a las letras impresas sobre el teclado, y que ahora se me antoja que sean jeroglíficos egipcios, escritura cuneiforme, o runas germánicas.

Fue inevitable, la repentina aparición de un trago a mi lado no debe ser, en lo más mínimo, una sorpresa, el primer largo sorbo fue realmente genial, ahora observo la página en blanco en el ordenador como un verdadero reto. Veinte minutos más tarde, la retadora página en blanco, había ganado por puntos los cuatro primeros rounds. Definitivamente soy un abandonado de las musas, ya no me quieren, ya no me pasan ideas las muy perras, ellas que me deben tanto. Si, definitivamente el bochorno, este calor insoportable, que me deshidrata las ganas de tener ganas de escribir; me fastidia, me ladilla enormemente, porque no es tiempo lo que necesito para hacerlo, es un momento, ese estúpido momento que no se dónde se oculta, y que espero aparezca solo, sin que yo tenga que buscarlo, mientras, trato de refrescarme el rostro usando de abanico una puta hoja de papel en blanco. Yo no sé lo que quiero escribir; pero lo quiero escribir ¡ya!, ¿será mucho pedir?

Lo tengo cronometrado, ya me han pasado por encima sesenta y cinco minutos, tres gin tonics, siete cigarrillos, y de mi acalorada cabeza no sale absolutamente nada. Maldito calor, treinta grados Celsius dentro de mi estudio. Sospecho que me ha dado un infarto en la neurona creativa, o una vaina así. El hielo no dura nada y amenaza con acabarse, quedan tres dedos de ginebra, dos de agua tónica, y cuatro cigarrillos. Fue mala idea desnudarme y sentarme en la silla de plástico a tratar de escribir, casi dejo pedazos de nalga pegados en el asiento cuando traté de levantarme a preparar otro trago.

He comenzado a hablar solo, mal síntoma, me conozco. De nada sirvió la ducha que he tomado, secarme con la toalla me ha hecho sudar más que antes del baño. Inutil ha sido tratar de consolarme con la idea de que; Omar El Khayam, el gran poeta persa, escribía con más calor que el que estoy sufriendo yo en este momento. Lo juro, diez minutos más; y dejaré de ser ateo por temor a la posibilidad de que el infierno verdaderamente exista. No soporto el calor.

Han fallecido cristianamente la ginebra y el agua tónica, solo me acompañan tres hielos y un cigarrillo, creo que no me queda más remedio que pensar. De toda esta desgracia tiene que surgir un buen cuento.

Varias horas después, una nueva fuerza inunda mi espíritu, siento que el anhelado cuento está a punto de surgir. Presuroso enfrento a la página en blanco de Word, los dedos ansiosos de volcar mis ideas comienzan a teclear letras desaforadamente, violando la virginidad de la hoja impecablemente blanca, pero fue una falsa alarma. Con solo leer el comienzo de lo escrito me di cuenta de que me mentía de manera miserable, mejor me acuesto e intento dormir, siempre con la ventana de par en par, así me coman los mosquitos. A mi edad, con mi experiencia, y tratándose de un cuento para mi blog, nada bueno puede venir de algo que comienza diciendo así: “había una puta vez”…

2 comentarios en “Cruel bochorno literario

  1. Genial primo. Si escribes así, sin ganas y sin Musa; como se destapará tu imaginación cuándo la temperatura se haga tolerable y renueves tu inventario de ginebra. Te felicito, un abrazote.

    El El jue, 4 de jul. de 2019 a las 11:56 p. m., Cuentos de la historia

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