Lo que siempre ha estado allí

Dame la esperanza que no encuentro en mis momentos optimistas, dame el misterio de esa palabra que me hace mover la cabeza diciendo que si… a casi todo, porque quiero dejar de creer en la importancia solo de lo que es serio, será por eso que amo los chistes contados en los velorios, o las mentiras adolescentes que ocultan amantes debajo de la cama. Quiero que me reveles el secreto milenario que todos conocemos, aunque ese secreto universal nos abra los ojos, aunque sin piedad nos haga ver lo que siempre ha estado allí, delante de nosotros,con toda su grandeza, con toda su crueldad, sin piedad, golpeándonos la nariz hasta hacérnosla sangrar. Dame lo que nunca te he pedido, lo que no puedes dar, para saber qué hacer con eso y luego te cuento. Vacía tus bolsillos y dame lo que no tienes para saber que ocultas. Aprende mucho de lo que no crees para no dudar de ti, para no sentir que me engaño con mis propias mentiras y verte como no eres, como yo necesito que seas. Hoy tengo ganas de hablarte extraño, algo no me ha pasado, aún no he ido a su encuentro. Solo quiero que me entiendas, mírame a los ojos y ponme atención; toma este puñado de tierra que pongo en la palma de tu mano, déjala abierta, no para que mires el polvo y las piedrecillas, es solamente; para que veas la maravilla.

Tengo varios meses sin querer verte, negándome el sol, ese resplandor que nos descubre ante la vida, como a ti, como a mí, como a todos, nos hace tan iguales a la vista, no deja que nos escondamos, nos reconocemos expuestos bajo su claridad que no perdona pero; no nos señala con el dedo, cada uno sabe quién es y no se delata, yo no soy la excepción. Abrazo tu imagen amarrada a mi memoria por un deseo absurdo de evitar… que se disuelva en el tiempo porque; unas cosas son recuerdos, y otras solamente cosas. Ven, siéntate cerca de mi boca para que oigas lo que canto en voz baja, escoge los sonidos que más te gusten, puedes quedarte con ellos, las palabras riégalas sobre el pasto, a los poetas les encantan, en cuanto nos alejemos; vendrán por ellas.

Por la ruta de la seda

No, no tengo ganas de recolectar restos de lo que pude haber construido con pedazos de corazón propio, piedras, y corazón ajeno, tampoco quiero desempolvar deseos, identificarlos con una etiqueta amarilla atada a un dedo que me señala; con fecha de fallecimiento aproximada, o causa especulada de deceso, ¿para qué?, ya no son trascendentes. Los dejo bajo la arena que se han ganado, yo se que están allí debajo, eso me basta y me sobra, me enterraría mientras las desentierro. No quiero carga para un viaje que no sé cuándo terminará de comenzar, que no tiene otro destino que no sea yo mismo, sediento de horizonte en esta agobiante ruta de la seda.

A lo mejor existe una razón, un pretexto, para voltearme, para ver más allá de mi espalda, para sumergirme con lentitud en lo más profundo y oscuro de mis palabras de ayer, para asombrarme de lo que dije alguna vez… o esa vez, en un ataque de sinceridad implacable, devastador; lo sé, el precio fue alto, aún lo debo. Fumo para no olvidarlo, bebo para que no me importe.

…para caminar de noche

La luz difusa, amarillenta, que se derrama de las farolas de la noche, recorre la ciudad como un riachuelo lento pero indetenible, hace brillar la mirada como si fuera parte de la calle mojada. Siento la brisa que refresca este calor de adentro que no puedo compartir, es cuchillo que me corta el cuello, me abre la garganta, me deja mudo, con unas ganas inmensas de decir; en las largas horas de silencio humano. La noche me promete una sorpresa en cada esquina, pero no me cumple. Busco, sin pensarlo dos veces, los lugares más oscuros para que no puedan verse mis recuerdos, justo los que no me hacen sonreír… pero me hacen murmurar maldiciones con nombre de mujer.

Lejano está el instante de mi último momento de paz, fue una paz artesanal, hecha a mano, una que me invente yo; con retazos de amores viejos y polvorientos, en un momento de ingenua locura que no duró lo que tenía que durar, que se consumió rápido, como vela de cumpleaños a la que no hizo falta soplar para apagarla. Corona para difunto con flores de plástico que el sol destiñe y destruye.

La parada obligatoria me brinda un trago con sabor a soledad añeja, se me queda en el pecho llenando el vacío que dejaron los latidos, quemando ansiedades, acompañándome en el retorno al lugar donde me encierro; para que el día no me sorprenda despierto en la calle, bebiendo aire con olor a tabaco, con sabor a mañana nueva, pero igual a la de ayer, a la de antier, a la del primer día en esta ciudad. Sé que me iré de aquí con mis fantasmas y mis guitarras, en defensa propia, a un lugar que aún no ubico, pero que existe, ¡tiene que existir!

Aceras, palabras, y signos de puntuación

Hay montones de palabras tiradas en las aceras, en los callejones, a lo mejor se le van cayendo de la boca a los transeúntes, a los que no tienen nada que decir, o a los que no tienen a quien decírselas. Voy pateando “cómos” y “por qués” sin respuestas, el viento levanta puntos y comas que se quedan pegados de la ropa, yo me los sacudo. Lo más probable es que todas esas palabras, esos puntos, esas comas, esos malditos acentos, puntos y comas, signos de interrogación y de admiración, terminen dentro de una bolsa negra de basura, tan negra como esta noche, que quizás está como siempre pero; a mí me parece particularmente oscura.

Que detalle, ahora comienza a llover y no hay donde guarecerse, sólo un pequeño portal que apenas cubren la mitad de mi cuerpo pegado a la puerta, la otra parte de mi depende del impermeable, y de un sombrero de ala ancha que compre en un arranque de hippie trasnochado. Decido retirarme, voy rumbo a mi casa bajo una lluvia pertinaz. No sé por qué me detuve para recoger un punto que había en el piso y guardármelo en el bolsillo, en verdad no sé por qué lo hice, ignoro si se trata de un punto y seguido, de un punto y aparte, o de un punto y final, total, siempre pasan cosas y puede servirme para algo, ya me enteraré en su momento.

La olvidada historia

Libros y pergaminos

La historia, la olvidada historia, pareciera que hay mucho interés en que no sepamos de dónde venimos a través del tiempo, no quieren que sepamos lo que ha pasado antes de llegar a donde estamos. Nos han convertido en seres ultra dependientes de todo lo “fast”: fast food, fast music, fast culpture. El conocimiento ya viene dado, masticado, digerido, y regurgitado, en capsulas homogeneizadas, nos han hecho una formación cultural igual para todos. A muerto la investigación, la documentación, agonizan las librerías, las bibliotecas, más rápido que lentamente. Wikipedia se ha convertido en la fuente del conocimiento universal. Recuerdo con horror el slogan de una agencia de publicidad en mi país que decía literalmente así: “permítanos pensar por usted”.

La información escueta, y homogeneizada no puede producir otra cosa que mediocridad, este es un cruel material que permite explotar al máximo las posibilidades de rendimiento económico de todos y cada uno de los seres humanos a muy bajo precio. Se enseña a las nuevas generaciones que; no importa el estudio de los procesos, ni concienciar las consecuencias, lo que importa saber, ¿y para que más?, es; cuáles fueron los resultados, por ejemplo: ante la pregunta de ¿quien descubrió América? se produce una estampida hacia el ordenador en busca de la respuesta y ya, no importa saber detalles de las negociaciones para llevar a cabo dicha empresa por parte de los monarcas españoles, la iglesia, los militares, y los buscadores de tesoros, o que hilos se movieron y con cual interés, y sobre todo, cuales fueron, eso que ahora llaman, los “efectos colaterales” (frase que minimiza, ridiculiza, y resta importancia a cualquier hecho por más terrible que sea), la respuesta que requieren es: Cristóbal Colón. Otro ejemplo: todos hablan de la bomba atómica en Hiroshima, de lo potente que era, de cómo indujo a los japoneses para que depusieran las armas y finalizara la guerra, pero poca gente sabe los miles de hombres, mujeres, niños, que murieron calcinados en vida, o quedaron padeciendo secuelas degenerativas e incurables, y tampoco saben como y de que manera, se beneficiaron grupos y personas poseedoras de grandes intereses con esa masacre, como tampoco sabrán por que se huso la bomba atómica contra un país que, antes de su lanzamiento, ya estaba derrotado.

Cuando una persona desconoce su propia historia cree que; todo lo que acontece, y le acontece hoy en día, es totalmente nuevo, no me canso de repetirlo. Cuando una persona no ahonda en los orígenes de la información; acepta obedientemente lo informado, difundido a través de medios de comunicación masiva tendenciosos, como la verdad y la vida, sin detenerse a reflexionar sobre la posibilidad de que esa información recibida pudiera ser incorrecta o no. Hoy en día nos llega la información diciéndonos de una vez y por todas quien es el bueno, quien es el malo, a quien hay que eliminar, a cual gobierno hay que derrocar, a cual hay que apoyar, a quien hay que invadir, todo por la razón más etérea, indefinida, y fugaz, como posiblemente pudiera ser: la libertad, la seguridad, la defensa de la patria, de la familia, la propiedad, las tradiciones, las religiones buenas, y pare de contar. Ni siquiera se molestan en cambiar la redacción de las noticias, ni las tomas de video, todas las televisoras compran el paquete ya hecho. También el periodismo ha muerto, ya no quedan periodistas, sino, reporteros de sucesos, y loros para repetir lo mismo en todos los canales de tv, o en todas las estaciones de radio comerciales.

El asunto es que ya tenemos una, auto erigida y auto designada, policía planetaria, cuyos únicos argumentos valederos para imponerse como tal son: el enorme potencial bélico que poseen, el dinero que compra y corrompe, el servil servicio de países lacayos, lamedores de anos, besadores de pisos, y como planteé ante, el dominio de la gran mayoría de los medios de comunicación, amén del manejo de la información personal, pormenorizada, de todos y cada uno de los seres humanos de este  mundo.

Orwell ya se imaginaba lo que tarde o temprano le vendría a esta humanidad de parte de hombres con un poder desmesurado, cultores del egoísmo insensible, ensalzadores del yo, y detractores del nosotros por considerarlo subversivo y abiertamente ¿comunista?,  ¿o socialista?, ¿anti sionista?, ¿yihadista?, ¿negro?, ¿feminista?

Siento temor por mis hijos, y por los nietos que aun no tengo, a los cuales solo deseo que tengan siempre conciencia real de su momento histórico, eso los hará menos números, menos esclavos, más dignos, más seres humanos.

 

Lo que yo no quiero, y lo que si

Yo no quiero 2

Yo no quiero, aunque no me crean, llegar hasta el borde de la vida, a ese punto donde sólo se existe pero no se es, donde el verbo vivir se convierte en olvido. Habría en mí; sensación de extrañeza en medio de tanta realidad difusa, sería como convertirme en un secreto que nadie quiere saber, o en un fabricante de murmullos que sólo pasa de largo, sin dar los buenos días a nadie porque; ¿para qué? Se quienes son pero no los conozco, ya no me importarán, no mucho, más bien nada.

No, yo no quiero llegar hasta el borde de la vida sin conciencia de mí mismo, me caería, me despeñaría en lo más profundo de la indiferencia propia, del no “me importo”, y es que disfruto tanto sentir la grandeza de lo evidente, de lo real en toda su simpleza, porque es parte de un todo, porque se fusiona con armonía de concierto a plenitud. Amo la presencia de la gente, que; de tan cercanas, casi están adentro. Amo las formas de las cosas, su luz, su olor, su textura, en fin; su presencia en esta totalidad; que sin egoísmo me incluye, a pesar de los pesares, como algo más del conjunto.

Quiero sí, porque algo tengo que querer, estar completamente vivo el día de mi muerte… hasta el último segundo.

El sermón sin montaña

Sermón

Soy creyente convencido de la santa divinidad de la rabia, soy pastor y oveja a la vez de una fe inmisericorde y sin piedad, una; que no concilia con las castas depredadoras, una que no pide conseguir la paz del espíritu a cambio de un perdón vergonzoso a los culpables, perdón rastrero, cómplice de los que me ofenden. Soy un hereje que no bendice los alimentos que paga de su bolsillo, ni da gracias a nadie por tenerlos en la mesa, ¡mi mesa!, junto con el pan mío de cada día, ese que consigo, en condiciones humillantes, conviviendo, cada uno de los días del año, con el miedo a quedarme sin nada que llevarle a mis hijos de un día para otro, a condición, eso sí, de mantener siempre llenas las arcas de unos pocos; en desmedro de de la dolorosa realidad de la gran mayoría a la que pertenezco.

Escupo sobre los manjares para el disfrute de los inútiles, de aquellos a los que no les importo, de los corruptos mercaderes del templo de la honestidad y de la integridad, de los cultores del elohim asesino que ordena degollar a hombres, mujeres, y niños, por no creer en el ser inconmensurable que mora en los bancos. Escupo sobre los símbolos de sus dioses, y ¿Por qué no?, sobre sus dioses inmundos también, esos creados por los poderosos y a conveniencia, divinidades devoradoras de humanos mientras aún viven, y a los que se me exige adorar y temerles; a cambio de migajas, a cambio de su dudosa protección, y un poco factible lugar en el cielo.

¡Ay de mi! que he venido andando desde muy lejos, me duelen los dolores de antes y los de ahora; pero juntos. Aquí estoy, ante ti, hoy,  impulsado por la santísima rabia, ella se me ha presentado en plena madrugada; no en sueños como a los iluminados de las leyendas librescas, sino en medio del insomnio, de la angustia que perturba mi descanso de todas las noches, sin forma específica, invisible e intangible, sin luz celestial. Llegó en medio de la oscuridad, esa que regalan las bombillas apagadas a mi mirada, sobre todo cuando trato de ver más allá del aquí, del ahora, buscando inútilmente algo que se parezca a un futuro. En nombre de esa rabia; vengo a pedirte, no que me sigas con fe ciega, yo jamás haría eso, vengo a invitarte; a ti y a tu rabia, a que vayamos juntos, con una fe de ojos bien abiertos, por aquello que nos pertenece, no solo una parte, vamos por la totalidad de lo que se nos niega, porque es nuestro, porque; ¡es mentira que todo termina en una cruz de madera!

La triste vida de compota Mendoza

A Gerber no le gusta su nombre, la gente que va conociendo siempre lo asocia, inevitablemente, con la marca de alimentos para bebés, y por eso mismo le apodaron compota, desde que estaba en la escuela lo llamaban así. Con los años, de tanto llamarle compota, muchos de los que lo conocen hoy día; no recuerdan su nombre real pero, paradójicamente, su apellido si, Mendoza, compota Mendoza para ser más exacto. Hasta los niños, queriendo ser respetuosos y educados, lo llamaban señor compota.

Para Gerber, ya de por si, llevar aquel estigma de nombre es una calamidad, su apodo se convirtió en el verdadero karma. Ya no quiere que nadie lo llame, para nada, quiere pasar desapercibido, quiere volverse invisible. Una vez trató de cambiar de ciudad, pero llamarse Gerber lo revuelca irremediablemente en esa papilla de frutas, papilla de pollo, o puré de verduras, en la que se ha convertido su vida, todo gracias a Monsanto y a sus socios corporativos.

Su vida sentimental poco a poco fue degenerando, su novia de toda la vida, la misma desde que estaban en el liceo, que lo conoció como Gerber, solita fue cediendo espacio a la tendencia del común, y un día, no se sabe cuándo, porque ni el mismo Gerber se dio cuenta, el amor de su vida lo comienza a llamar compota, y peor aún, al poco tiempo y por cariño, le inventa una especie de espantoso diminutivo; le dice “compo”, dejando la ultima silaba como flotando en el aire, pero Gerber inevitablemente la escucha, en lo más profundo de su inconsciente escucha la nefasta silaba, como un golpe de tambor en medio de un velorio. Su vida es una vulgar, asquerosa, y pegajosa, papilla para bebés.

La ciudad se ve inmensa desde la azotea de ese edificio, o al menos eso le parece a Gerber, todos sus recuerdos se remiten a un solo aspecto, su nombre, esa cruz que pusieron sobre su espalda en la pila del bautismo, ese estigma abominable que lo fue convirtiendo, a medida que iba creciendo, en un ser antagónico, casi invisible dentro del grupo de amigos de toda la vida, pero no puede quejarse, eso es lo que siempre deseó, no ser visto, pasar desapercibido, pero las consecuencias fueron nefastas, quedó aislado. Dejaron de llamarlo, de invitarle a reuniones y celebraciones, los amigos lo saludan de lejos, y los encuentros se han vuelto cada vez más cortos, hasta su novia de toda la vida, hace media hora, terminó con él de la manera más impersonal; por teléfono.

Gerber ha regresado a su apartamento. Mientras estuvo en la azotea del edificio, una idea comenzó a revolotearle dentro de la cabeza como una mariposa macabra, veinte pisos eran más que suficiente para poner fin a su triste vida, sería un fin rápido e instantáneo, no habría tiempo ni para sufrir pero; justo al borde del precipicio, y vacilante de puro vértigo, una reflexión, muy pertinente por cierto, le hizo tomar conciencia de lo inútil y contraproducente de tal acción suicida, en fracciones de segundo se imagino una conversación entre su ex novia y los amigos comunes, ella contándoles a ellos el suceso, y ellos preguntándole a ella con curiosidad, o con interés tal vez, por los detalles:

-¿Supieron lo que le pasó a compota?

-No, ¿Qué le pasó?, ¿fue algo grave?

-Me temo que si, ayer en la noche se lanzó desde su edificio,

cayó sobre el techo de un auto, rebotó y terminó en la acera.

-Pero; ¿está herido?, ¿está hospitalizado?

-¿Cómo se te ocurre?, ¡coño chamo!; son veinte pisos,

imagínate la vaina, quedó hecho puré, una papilla.