Que vaina es la vaina!!!

La vaina, cada día crece más la duda sobre el origen o el verdadero significado de esa maravillosa palabra. Es un recurso lingüístico de la lengua española en Latinoamérica, sobre todo en el área del Caribe, que; logra aglutinar todas los connotaciones de manera universal, pero… manteniendo su indefinición conceptual como principal virtud.

Cuando escuchamos la palabra vaina nos vienen imágenes aprendidas de cosas u objetos específicos, la cobertura natural que protege a algún tipo de semillas, como los guisantes, frijoles, las semillas del árbol de acacia, en fin…, pero también nos viene a la mente aquellos estuches donde se guardan las espadas, los puñales, para proteger sus filos, y también para facilitar su transporte sin que te des un buen tajo por accidente (o por brutalidad, errare humanum est).

No pretendo dar una conferencia sobre la palabra vaina, no tengo espacio, ni tiempo, ni paciencia, pero puedo recurrir a un ejemplo hipotético que ayude a medio orientarte sobre su uso o aplicación, según sea el caso… el caso tuyo claro está.

Imagínate a un venezolano explicándole a alguien de la península ibérica, o a un mexicano, o a un argentino, que es una máquina de escribir:

– Una máquina de escribir es una vaina de forma rectangular, puede ser de metal, o de cubierta plástica, esa vaina depende de los diseñadores y de los fabricantes, tu sabes; la cabeza está llena de millones de vainas, y cada cabeza es un envainado mundo. Esa vaina tampoco es ningún secreto. Como te venía diciendo, antes de que se me pierda el hilo de la vaina, dicha máquina tiene un “pocotón” (medida venezolana de cantidad) de vainitas con letras y signos de puntuación. Posee a su vez un espaciador, que es como las vainitas con letras, pero esa vaina es más larga, y para más vaina… sin letras. Está en la parte inferior, y permite, cuando escribes, dejar espacios entre vaina y vaina, así no quedan las palabras pegadas, y de esa manera, también evitas envainarte la vida tratando de leer todo ese vainero pegado.

En la parte superior, para facilitar la vaina de cuadrar el papel, y evitar que te quede toda esa vaina torcida, hay unos rodillos que, al meter el papel entre ellos, y dándole vueltas a unas vainas que tienen a los lados, ayudan a pasar la hoja. A continuación, y con ayuda de una vaina de metal que bajas, y que luego pones sobre la página, la podrás mantener firme, así podrás escribir cualquier vaina que se te ocurra.

Lo bueno de la vaina está en que; la máquina de escribir permite plasmar, en forma de palabras, todas esas vainas producto de tu inspiración de manera rápida y legible, luego, tendrás la satisfacción de leer con calma la vaina escrita, corregirle alguna que otra vainita, y decir con satisfacción: ¡que vaina tan buena se me ha ocurrido!

Yo sé que esa vaina de escribir a máquina produce entusiasmo y adicción, pero te recomiendo periodos de descanso, no vaya y sea que te de una vaina rara, y de paso, le envaines el día a toda tu familia llevándote a un hospital. Yo mismo, me sentiría culpable de que te diera una vaina cerebro-vascular, o una vaina cardíaca, por recomendarte el uso de vainas novedosas. Me daría mucha vaina contigo y con tu gente. Sé, porque te aprecio,  que no me podría quitar nunca… esa vaina de mi consciencia, eso no lo quiero vivir… ¡ni de vaina!!!-.

 

NOTA: si alguna vaina no entendiste, deja la vaina, que no te de vaina escribirme y preguntar. No te quedes con esa vaina por dentro porque, no hay peor vaina en esta vida que vivir con dudas. Piensa la vaina y verás… la vaina.

El pájaro de fuego

Soy el pájaro de fuego que quema las madrugadas, el que alumbra con su luz todo aquello que antes estuvo oscuro. Vuelo en forma de alba, y dejo al descubierto todo lo oculto en agujeros, cuevas, y rendijas de la historia, si, para matar los secretos, para dejarlos a merced de las ganas de comer realidad a dentelladas, y dejar de sentir hambre de saber, y alimentar la consciencia. Muevo mis alas para apartar el polvo acumulado durante siglos de oscuridad sobre los sentimientos nobles. Con mis garras remuevo las rocas de culpa ajena, para que pueda ser encontrado el respeto a si mismo, aún por aquel que ignora su existencia, dejar que lo tome entre sus manos, así no lo quieran los dioses, así no lo entienda aquel que lo tenga por primera vez.

Soy el pájaro de fuego y luz para los ciegos de la vida, esos que van transitando entre los miedos, siempre con sus bastones en las manos, golpeando lo que no saben de qué se trata, para evitar caerse, sentir dolor. Vuelo estrellándome adrede contra los muros de lo que aún está por descubrirse, cargando a mis espaldas toneles repletos de  verdades diversas, disueltas en sangre de uvas negras, para que escoja y beba también el sediento de libre albedrío, para que tenga las fuerzas de seguir construyendo caminos que jamás llegarán hasta el infinito. No, no será inútil, nunca faltará quien los transite, así salte de uno a otro, así sea para devolverse a comenzar de nuevo, al fin y al cabo; nadie sabe adónde va cuando comienza a caminar, pues, no hay tierras prometidas para los que quieren espacio donde sentirse vivos, y crecer hasta donde puedan.

Asesino sentimental

Apenas se abre la puerta mi puño atraviesa el umbral primero que yo; no para hasta estrellarse justo en el medio de una tonta cara sonriente. Todas mis fuerzas concentradas en ese golpe le partieron el tabique nasal. Su cuerpo cae de espalda sobre una mesa de centro atiborrada de adornitos ridículos; quebrando  todo lo que había encima de ella, incluyendo una espantosa lámpara de Murano (detesto los adornos de Murano) con forma de delfín saltando. La pantalla quedó sobre su cabeza, el bombillo aún estaba milagrosamente encendido, lucía como un espantajo absurdo. Dos patadas en las costillas, tres en la cabeza, y otra en la entrepierna, me dejan satisfecho. Me acerco hasta él, retiro la pantalla para verle el rostro. El hombre está inconsciente, apenas respira, casi no tiene pulso. Observo sus facciones amoratadas y quedo estupefacto, este tipo, el mismo al que he golpeado con tanta saña, con tanto profesionalismo, no es al que yo debo pasarle cuentas. Que vergüenza con el cliente que me encargó este trabajo.

 

Me aseguro bien de que no haya cámaras de vigilancia, ni nadie en la casa que pudiera comprometerme, salgo por la puerta trasera y salto una valla, fue fácil, la verja separa al traspatio de una vereda pequeña, por la misma doy una vuelta a la manzana, la idea es pasar con disimulo por el frente de la casa de mi víctima. Saqué una pequeña libreta del bolsillo, y pude constatar, con pena por ese señor, que me había equivocado de dirección, y de paso olvidé la foto en casa. La obsesión  por un trabajo bien hecho y rápido no me dejó ver quien era el que me abría la puerta. Al día siguiente leo en la prensa la noticia del hombre asesinado a golpes dentro de su propia casa por un psicópata.

 

Han pasado cinco años desde aquel suceso. Un enorme cargo de conciencia hace que todos los años, por la misma fecha del “daño colateral”, yo convoque, con la ayuda de una amiga médium, una sesión de espiritismo; para comunicarme con mi coincidencial víctima y poder ofrecerle mis más sinceras excusas. Pero ha sido en vano, lo único que he logrado es que el occiso me mande a decir, y con el espíritu de un amigo suyo, dos cosas: (1°) que no piensa dirigirme la palabra, y (2°) que la lámpara de cristal de Murano con el delfín saltando le costó quinientos euros en Venecia. Yo puedo entender que no quiera hablarme, ¡coño!, pero cobrarme quinientos euros, ¡ y por un delfín de cristal de Murano !, me parece, viniendo de su parte, un verdadero abuso. Por cosas como esa… es que mandan a matar.

Padre nuestro para incrédulos

Padre impuesto

Que no está en el suelo

Santificado es por el hombre

A nosotros vino su reino

Haciendo su voluntad

Tanto en el cielo

Como en la tierra

Me gano el pan de cada día

No pido perdón por mis ofensas

Como Tampoco perdono

A los que me explotan y ofenden

Convivo con la tentación

De librarme de tanto mal

Amen